Prevenir y tratar la hiperuricemia y la gota

Julio Basulto

@JulioBasulto_DN

Hablé de hiperuricemia y gota en este texto (junio de 2014) pero como la cantidad de personas que padecen estas dolencias no cesa de aumentar, he pensado en resumir en estas líneas lo más importante que debemos recordar, desde un punto de vista dietético-nutricional, en cuanto a su prevención y tratamiento.

Prevención

Como cada vez somos más longevos, es normal que aumente la prevalencia de ciertas enfermedades, como es el caso de la hiperuricemia (niveles elevados de ácido úrico en sangre) y la gota (inflamación articular causada por la acumulación de ácido úrico). Pero también influyen en su aparición factores como el sobrepeso, los excesos con la comida o el consumo de bebidas alcohólicas.

Prevenir la hiperuricemia y la gota pasa por seguir un buen estilo de vida, y eso incluye seguir en nuestro día a día una alimentación saludable. De entre los factores dietéticos, vale la pena destacar una observación constatada en un estudio recogido en la edición de marzo de 2004 en la revista The New England Journal of Medicine: cada ración diaria adicional de carne roja podría incrementar un 21% las posibilidades de padecer gota en varones. El estudio también observó que cada ración semanal de pescado podría incrementar el riesgo de gota en un 7%.

Sea como fuere, los principales factores dietéticos que pueden incrementar el riesgo de padecer hiperuricemia y gota, según leemos en una revisión de Álvarez-Lario y Alonso-Valdivieso (Nutr Hosp. 2014 Apr 1;29(4):760-70), son:

  1. Obesidad
  2. Consumo frecuente de carnes rojas, vísceras o extractos cárnicos
  3. Elevado consumo de pescado o marisco
  4. Consumo habitual de bebidas alcohólicas
  5. Ingesta de bebidas azucaradas (“refrescos”) o zumos de frutas

Pero también podemos detallar qué factores podrían disminuir el riesgo de padecer estas dolencias:

  1. Pérdida de peso (si es excesivo)
  2. Consumo habitual de legumbres
  3. Ingesta habitual de verduras
  4. Priorizar el consumo de alimentos ricos en fibra (Ej.: cereales integrales)
  5. Escoger lácteos desnatados

Como ven, en ninguno de los dos listados aparecen ciertas verduras y legumbres que tienen fama de elevar nuestro ácido úrico, como son las espinacas, las lentejas, el tomate o los frutos secos. Aunque tienen mayores concentraciones de purinas que otros alimentos, lo cierto es que los estudios no observan incrementos en los niveles de ácido úrico tras su ingesta (en teoría las purinas elevarían nuestro riesgo de hiperuricemia). De entre los factores que explican esta constatación están los siguientes: no todas las purinas de los alimentos se comportan de igual manera en nuestro organismo, la cocción influye en sus efectos, y que hay alimentos que además de purinas contienen sustancias inhibidoras de la formación de ácido úrico.

¿Tratamiento?

Cuando una enfermedad está instaurada, lo primero que debemos hacer es acudir al médico. Entre otros motivos, para que valore si es necesario un tratamiento farmacológico (hay fármacos eficaces para controlar la hiperuricemia).

Con fármacos o sin ellos, los consejos dietéticos son, sin duda, muy necesarios. Aunque, por desgracia, solo los reciben el 30% de los pacientes, según los doctores Álvarez-Lario y Alonso-Valdivieso, antes citados. En su opinión, en todo caso, los diez consejos que conviene que reciba todo paciente con hiperuricemia o gota son:

  1. Disminución de peso, si existe exceso de peso (sobrepeso u obesidad). La reducción debe ser progresiva, ya que una ingesta calórica muy baja eleva los niveles de ácido úrico.
  2. Limitar las bebidas alcohólicas, en caso de consumirlas. Se deben evitar, sobre todo, las cervezas o los licores.
  3. Evitar beber “refrescos” o de cualquier tipo de bebida azucarada.
  4. Limitar el consumo de zumos de frutas.
  5. Reducir la ingesta de carnes rojas y evitar las vísceras.
  6. El elevado consumo de pescado y marisco puede empeorar el cuadro. Una ingesta de 2-3 raciones por semana puede ser adecuada, aunque debe ajustarse en función de la gravedad de la dolencia.
  7. Priorizar los lácteos desnatados.
  8. Aumentar el consumo de proteínas vegetales, verduras, legumbres y frutas. Aunque algunas frutas ricas en fructosa se han asociado a un incremento del riesgo, sus beneficios sobre la salud parecen superiores a este riesgo.
  9. Evitar las transgresiones dietéticas agudas (atracones esporádicos, indulgencia, etc).
  10. Evitar otros factores de riesgo cardiovascular: dieta rica en sal, tabaquismo y sedentarismo.
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