Fumar puede ser útil para adelgazar…el cerebro.

Julio Basulto

@JulioBasulto_DN

Aunque no se lo crean, muchas personas o bien fuman para mantener su figura, o bien no abandonan el tabaco por miedo a engordar. Se trata de una actitud contraproducente, según indiqué en el texto titulado “Fumar engorda”, porque tarde o temprano se dejará de fumar y ello se puede acompañar de un aumento (de media) de unos 5 kilos. No todo el mundo gana peso, desde luego (entre el 16% y el 21% de los exfumadores no lo hace) pero lo cierto es que cuanto antes se deje de fumar, menores serán las posibilidades de llevarse, de premio, unos kilos de más. Y si nunca se empieza a fumar, mucho mejor, porque no tendremos que pagar ese y otros “tributos” con nuestro propio cuerpo.

En el citado texto incluí algunos consejos para abordar esta cuestión, el más importante de los cuales es pedir ayuda sanitaria (sea de un médico o de un psicólogo), dada la enorme dificultad que conlleva hoy por hoy dejar de fumar: los cigarrillos, traen en la actualidad muchas más sustancias adictivas que hace cuarenta años. Concretamente entre cuatrocientas y seiscientas sustancias más. ¿Por qué? Muy sencillo, para “enganchar aún más a los consumidores”, según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. Tienen consejos para dejar de fumar en este enlace del Ministerio de Sanidad y Política Social: www.msps.es/ciudadanos/proteccionSalud/tabaco.

En todo caso, hoy quiero hablar brevemente de algo que se suma a la larga y creciente lista de razones para dejar de fumar, y que también tiene que ver con la pérdida de peso, pero no abdominal o gluteofemoral, sino cerebral. Diversos estudios han mostrado que fumar se asocia a claras anormalidades cerebrales, pero no fue hasta diciembre de 2010 que supimos que también reduce la corteza cerebral, un área específica del cerebro responsable de funciones tan importantes como el lenguaje, el procesamiento de información, la memoria y el proceso de envejecimiento. El estudio, publicado en Biological Psychiatry, mostró que a más tabaquismo, más “adelgazamiento” del tejido cortical. Investigaciones más recientes, como la de Durazzo y colaboradores (Alzheimers Dement. 2014;10(3 Suppl):S122-45), han relacionado esta clase de “delgadez” con una enfermedad poco romántica llamada Alzheimer.

La primera firmante del estudio de 2010, la Dra. Simone Kühn, declaró en una nota de prensa publicada por Elsevier, lo siguiente:

“Dado que la región del cerebro en la que encontramos el adelgazamiento asociado al tabaquismo se ha relacionado con control de los impulsos, los procesos de recompensa y la toma de decisiones, esto podría explicar cómo se produce la adicción a la nicotina”.

Así pues, hay algo en el tabaco que nos “adelgaza” el cerebro, y ello se traducirá en que somos todavía más vulnerables a convertirnos en fumadores. Una bicoca. Pero no todo está perdido. La Dra. Kühn tiene esperanzas de que la deshabituación tabáquica se traduzca en mejoras cerebrales. Es decir, dejar de fumar nos haría ganar peso ¡cerebral! Así da gusto “engordar”, ¿no les parece?

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