Quienes desconfiamos de las Apps nutricionales, ¿lo hacemos por gremialismo?

Julio Basulto

@JulioBasulto_DN

Hablé de aplicaciones móviles (Apps) relacionadas con la nutrición en julio de 2013, en el texto “Aplicaciones nutricionales: ventajas y desventajas de llevar la dieta en el móvil”. Volví a hablar de ellas en septiembre del mismo año, en el artículo titulado “Con respuesta: ¿Sirven las aplicaciones para móviles (realmente…) para perder peso?”. Si le pegan ojeada a cualquiera de los dos escritos, verán que no me mostré precisamente partidario de sustituir el consejo dietético-nutricional personalizado por lo que nos pueda proponer un programa instalado en nuestro teléfono móvil de última generación.

Sigo pensando lo mismo, pero hoy con más motivos, porque tenemos datos objetivos sobre esta cuestión. Tales datos provienen de un admirable estudio titulado “Aplicaciones móviles en nutrición, dietética y hábitos saludables: análisis y consecuencia de una tendencia a la alza”, que pueden consultar en este enlace. Lo han llevado a cabo investigadores españoles pertenecientes a la Universidad Complutense de Madrid, capitaneados por el dietista-nutricionista Ismael San Mauro. Su trabajo, publicado el 1 de julio de 2014 en la revista “Nutrición Hospitalaria”, ha consistido en analizar las 95 aplicaciones para Android más descargadas de entre varias categorías de Apps relacionadas con la nutrición. Para quitarse el sombrero, vamos.

¿Se imaginan qué han concluido los autores? Lean, lean: “la mayoría de las aplicaciones que hay en el mercado no son útiles (desde el punto de vista de su funcionalidad), ni seguras (desde el punto de vista de la evidencia científica) […]”. Ahí queda eso.

Ojo: que no sean útiles y que no estén respaldadas por evidencias científicas quiere decir que sus promotores están haciendo un experimento con quien las utiliza, sin haberle pedido permiso para ello. Me explico: si usted instala y utiliza una de esas Apps, está usted manejando una herramienta que nadie se ha tomado la molestia de evaluar si funciona para lo que se la han vendido.  Sus vendedores pueden pensar algo así como: “¿Evaluar si funcionan para lo que prometemos? ¡Uff! ¡Eso es muy costoso! Mejor la sacamos al mercado y luego ya veremos”.

¿Les parece normal? A mí no. Tan anormal como poner a la venta un cascanueces que nadie ha probado si de verdad casca bien las nueces.  Cuando en la etiqueta del cascanueces me prometen que es capaz de romper correctamente nueces de distinto tamaño, grosor, o estado de madurez, lo lógico es que alguien haya comprobado que todo eso es cierto. Lo mismo debería ocurrir con las miles de Apps de nutrición disponibles en el mercado, esas que utilizan millones de personas de distinta edad, de distinto sexo, de distinto estado de salud o con diferentes hábitos de alimentación o de actividad física.

Pero hay más, porque nada menos que el 40% de las Apps analizadas en el estudio nos ofrecen dietas milagro, según la definición y los criterios de un documento que tuve el gusto de coordinar en noviembre de 2012, titulado «¿Cómo identificar un producto, un método o una dieta “milagro”». Por eso, entre otros motivos, San Mauro y colaboradores concluyen que la mayoría de las Apps nutricionales no solo no son útiles, sino que tampoco son seguras. Estupendo y maravilloso. Imagine ahora que el 40% los cascanueces que acabo de mencionar (los que nadie había probado antes de ponerlos a la venta) son inútiles, pero además pueden rompernos un dedo cuando los utilicemos. O la mano. O el brazo.

Si a lo anterior sumamos que el 95% de las Apps no ofrecen pautas de actividad física junto a las dietas propuestas para perder peso, entenderán que el poco cariño que le tengo a estas aplicaciones no responde al gremialismo, sino al principio de precaución.

Los autores de la investigación, en todo caso, no son tan pesimistas como yo, ya que sugieren que si el uso de estas Apps se acompaña de supervisión profesional pueden tener utilidad, y que si se normalizan y mejoran, “podrían suponer una herramienta de gran utilidad para la sociedad y el sistema sanitario”. Por desgracia, tal y como denunció la Organización de Consumidores y Usuarios en agosto de 2014 (OCU-Salud nº 114), no existen mecanismos de control para retirar las que no son seguras. Así que, en mi opinión, hasta el lejano día en que estas Apps se normalicen y mejoren (si es que llega ese día), lo mejor es ignorarlas y acudir a un dietista-nutricionista para abordar cualquier aspecto relacionado con la alimentación.

Publicado en el espacio de julio Basulto

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